Nivel primario
Mi escuela
Mi escuela es la mejor
porque a mi me da esperanza
de lo que puedo hacer, como
también me da enseñanza.
Aprendo muchas cosas
como leer, escribir y sumar
multiplicar, restar y dividir
y también aprendo a jugar.
Me divierto con mis compañeros
¡Qué hermosa es mi escuela!
Me encanta poder estudiar
y también tener mis carpetas completas.
Me falta poco para egresar
pero...¿qué pasará con mi escuela?
Espero que la cuiden mucho
¡Chau escuela, te voy a extrañar!
Autora: Carola Vila
11 años
EP N° 1
A mi querida maestra
Maestra de mi vida.
Maestra la más linda.
Maestra que me cuida,
que me quiere y me admira.
Linda como la rosa,
brilla como el sol,
al estar a mi lado,
me ayuda de corazón.
Es buena y divertida,
nos enseña a compartir,
nos reprende al no hacerlo
y la miro sonreir.
Llega temprano,
cumple con su deber,
y al estar con nosotros,
nos cuida con cariño
y nos enseña con placer.
Autora: Yamila Celeste Cabral
10 años.
CEC N° 801
Categoría B
Nivel Secundario
Nivel Secundario
En la escuela aprendí lo que es la vida
Un edificio de ladrillos, cada uno con un recuerdo,
cada palabra de la señorita era un reconocimiento nuevo,
los amigos vergonzosos, y los que te tiraban los pelos,
y si te portabas mal, contra la pared todo el recreo.
Al principio la escuela era toda una fantasía,
cuentas, dibujos, dictados, después el elástico y la escondida.
Pero se fue poniendo difícil, llegaron historia y biología,
había que estudiar y hacer deberes todos los días.
Luego dimos el gran paso, la secundaria nos esperaba,
"nada de chistes, nada de juegos, a ponerse las pilas", nos amenazaban.
Pero con el tiempo nos dimos cuenta, que lo estábamos disfrutando,
tantos amigos y tantas risas, ¿cómo no aprovecharlo?
Lo mejor fue que en la escuela, se aprendieron muchas cosas
pensar y analizar eran palabras muy dichosas.
Nos hicimos escuhar, y profesores cuestionar
planeamos nuestro futuro, y aprendimos a reflexionar.
No hablo de estudios ni de tareas, y mucho menos trabajos prácticos
hablo de todos los recuerdos que la escuela nos ha dejado.
Fue en ella donde construimos nuestra presonalidad,
protestamos y gritamos, pero también aprendimos a respetar.
Grupos con amigos tuvimos que hacer,
y grupos a la fuerza, que no entendía para qué.
Creo que lo hacían para que pudieramos aprender
a escuchar y tolerar aunque de acuerdo no estés.
Si uno se pone a pensar, en esos muros hay tantos recuerdos...
El chico que te pegaba y el que te corría para darte un beso,
los delantales sucios, por jugar a la mancha,
o las cartitas que no servían para nada.
Es que en ese edificio de ladrillos sucedieron tantas cosas,
aprendí que mi opinión es tan valerosa como otras,
aprendí que si no se ponen ganas, no se logra nada
y que hay que tratar de cumplir todas tus promesas pensadas.
En ese lugar aprendí que se vive el presente,
pero que nunca hay que olvidarse que hay otra etapa siguiente.
Aprendí muchas cosas que no se borrarán de mi memoria,
porque gracias a todas ellas, hoy soy esta persona.
Autora: María José Labaronnie
15 años
Instituto José M. Estrada
El golpe
El timbre anuncia el recreo, salimos corriendo dejando atrás ángulos complementarios y suplementarios, reglas y transportadores, carpetas y lapiceras; pues lo importante es, no llegar último al patio porque eso significaba "ser mancha".
Diez minutos para jugar, para correr y divertirse, ¡ah! y "no olvidarse de ir al baño y tomar agua en el recreo". Aunque siempre esperábamos hasta el último momento para cumplir con esto, pues no había que perder ni un segundo para jugar.
Y así fue. Tocó el timbre y corrí para ganarle a mis amigos el bebedero. Estaba ahí disfrutando de ese sorbo de agua fresca, cuando alguien me toca de atrás y yo supuse que era uno de los míos queriéndome sacar el lugar de privilegio. Giré ciego y le devolví la "tocadita" con un golpe en el estómago, golpe que me dejó sin aire a mí, me dejó sin habla, sin olfato, ni oídos; creí que iba a desmayarme al ver a la directora que se tomaba la panza y algo me decía, algo que nunca pude recordar, porque como dije antes el miedo paralizó mis sentidos.
Pero eso no fue lo peor, lo peor vino después al contarle a mi mamá. Ella no podía creer lo sucedido y me dio un sermón tan largo que creo utilizó todas las palabras del diccionario.
Al día siguiente fuimos juntos a la escuela y tuve que pedirle disculpas delante de mi madre a la señora Marta Alcalde (directora) por lo sucedido.
Hoy aquello forma de mi historia escolar, y si estuviera en una clase de Lengua y la señorita me preguntara: ¿qué enseñanza te dejó?, sin duda respondería "de los errores tamién se aprende y hacerse cargo de ellos engrandece a las personas". ¡Gracias mamá, por tan hermosa lección!
Autor: Marcos Daniel Di Menna
13 años
Instituto José M. Estrada


